domingo, 17 de abril de 2022

EPITAFIO

 


No es la noche oscura ni la soledad,
tampoco es por estar en mitad de los sueños:
es el silencio que lo absorbe todo y lo llena de vacío.

No son los pasos cautelosos de las ánimas invisibles
que pasan de pared a pared:
es el silencio que vuela como una brisa viboreante al ras del suelo.

No es la sombra de la sombra
que se oculta y que activa el aullido de los perros:
es el silencio que los confunde
cuando pasa a sus costados y les levanta el pelaje.

No es mi inspiración la que escribe estas líneas,
es para que el silencio no me envuelva con su traje
en el silencio de la fosa.

 

sábado, 26 de marzo de 2022

La inmensidad de la tarde

 En la inmensidad de la tarde

que se acerca lenta y audaz,

que cubre las hojas de los árboles

con su fresca brisa.

Que trae consigo una noche,

que suspende la agonía del olvido:

aún sobran espacios dentro de los espacios

que llenan tu ausencia.

Entonces, aspiro con profundidad

el aroma del café

y me preparo unos cigarrillos del ayer

para verte en esas tardes

que no las sentí

porque estabas sentada a mi lado.

Llenando de silencio y de tu perfume

la intolerable vaguedad de mi alma.

Esas tardes fueron mías, pienso,

y tu rostro asume el lugar del sol

en el horizonte

y mis ideas

las de un río.

Aquel que mirábamos deteniendo

la inefable carrera del tiempo.

Estoy de nuevo a tu lado

para que después tú sigas viviendo,

para que sepas que puedes buscarme

cuando se te pierda la luna.

De esta manera, todo lo llenas,

como dice ese poema, todo lo llenas.

Y todo vuelve así como sé

que en algún momento volverás.

Me elegirás de nuevo y sabré comprenderte

Te escucharé atento y aceptaré tu silencio.

Tal vez, cuando nos despidamos,

ya cuando la noche arrope a la ciudad,

volveré a abrazarte y a darte un beso.

Tú te quedarás

con esa rara sensación de insuficiencia.

Yo me iré lleno de dudas

y con pocas certezas,

pero con un nuevo recuerdo

para guardarlo debajo de la manga,

como un as,

para que la soledad no me gane la partida.

A Ricardo

Te dejé allí y no lo supiste, pero te has de acordar de aquella vez en que con una fogata y una guitarra le cantamos a la noche, compañera f...