domingo, 2 de julio de 2023

A Ricardo

Te dejé allí y no lo supiste, pero te has de acordar de aquella vez en que con una fogata y una guitarra le cantamos a la noche, compañera fría.

Te has de acordar, lo sé, del carpintero de la otra calle, que nunca se cambió de ropa, él sigue así, con el mismo short de tela que le llega hasta las rodillas y la misma camisa: las dos con el color del aserrín, probablemente -decíamos- que se le había pegado ese color en la ropa de tantos años que lo llevaba puesto.

Allí estabas y no lo sabías, como ahora no sabes que está cayendo una llovizna y que un hombre con campera de cuero de la que se resbalan unas gotas, le dio veintisiete vueltas al tornillo.

Pero has de acordarte de aquella vez que la fila era de dos cuadras y nosotros entramos, al concierto, sin formarla, yo sé.

Yo sé que aquí el callejón es un laberinto, que cada callejón tiene otro callejón y se multiplican en infinitos callejones; y que la gente camina con un peso extra encima, y todo es grávido, y ahora llovizna, ya te dije que llovizna, pero no escuchas, ahora no, pero has de acordarte de tantas cosas, yo sé.

Yo sé que aquí estamos y que te están llevando.

Y has de acordarte del primer libro que me diste, mi primer libro, y de aquel poema que yo ya no lo recuerdo, pero has de acordarte que aquí lo dejamos, pero no para volver como ahora, sino que para volver de la única manera en que se vuelve, pero con otras formas o de otra forma, tal vez ya sin conciencia, pero ahora ya no recuerdas, ni piensas, ahora te dejan allí con una lápida sin palabras.

domingo, 17 de abril de 2022

EPITAFIO

 


No es la noche oscura ni la soledad,
tampoco es por estar en mitad de los sueños:
es el silencio que lo absorbe todo y lo llena de vacío.

No son los pasos cautelosos de las ánimas invisibles
que pasan de pared a pared:
es el silencio que vuela como una brisa viboreante al ras del suelo.

No es la sombra de la sombra
que se oculta y que activa el aullido de los perros:
es el silencio que los confunde
cuando pasa a sus costados y les levanta el pelaje.

No es mi inspiración la que escribe estas líneas,
es para que el silencio no me envuelva con su traje
en el silencio de la fosa.

 

sábado, 26 de marzo de 2022

La inmensidad de la tarde

 En la inmensidad de la tarde

que se acerca lenta y audaz,

que cubre las hojas de los árboles

con su fresca brisa.

Que trae consigo una noche,

que suspende la agonía del olvido:

aún sobran espacios dentro de los espacios

que llenan tu ausencia.

Entonces, aspiro con profundidad

el aroma del café

y me preparo unos cigarrillos del ayer

para verte en esas tardes

que no las sentí

porque estabas sentada a mi lado.

Llenando de silencio y de tu perfume

la intolerable vaguedad de mi alma.

Esas tardes fueron mías, pienso,

y tu rostro asume el lugar del sol

en el horizonte

y mis ideas

las de un río.

Aquel que mirábamos deteniendo

la inefable carrera del tiempo.

Estoy de nuevo a tu lado

para que después tú sigas viviendo,

para que sepas que puedes buscarme

cuando se te pierda la luna.

De esta manera, todo lo llenas,

como dice ese poema, todo lo llenas.

Y todo vuelve así como sé

que en algún momento volverás.

Me elegirás de nuevo y sabré comprenderte

Te escucharé atento y aceptaré tu silencio.

Tal vez, cuando nos despidamos,

ya cuando la noche arrope a la ciudad,

volveré a abrazarte y a darte un beso.

Tú te quedarás

con esa rara sensación de insuficiencia.

Yo me iré lleno de dudas

y con pocas certezas,

pero con un nuevo recuerdo

para guardarlo debajo de la manga,

como un as,

para que la soledad no me gane la partida.

miércoles, 6 de enero de 2021

El sueño de Cervantes


La finalidad de este texto no es decir todo lo que ya se dijo, sino, más bien, enfocarlo hacia algo que me dejó con una tremenda curiosidad, se trata de lo que ocurrió al final. Cuando el Caballero de la triste figura regresa a su hogar después de haber sido vencido por el Caballero de la blanca luna, cae en un estado depresivo crónico, por llamarlo de alguna manera, aunque este estado en la que se encontraba nació desde el momento en que fue vencido. Lo curioso es que después de haberse dormido por seis horas, y luego despertarse, estaba totalmente cuerdo.

¿Qué fue lo que soñó nuestro querido Quijote? Esto se convirtió para mí en una terrible obsesión. Me embarqué en las profundidades de la biblioteca de mi ciudad y comencé a leer todos los finales de La Mancha de diferentes editoriales, en revistas, análisis, o meros comentarios en las bibliotecas virtuales en las que me encontré con unas observaciones muy interesantes de cibernautas de todo el mundo. Sin embargo, fracasé. A lo mucho que llegué fue a que alguien me responda, en un blog, que eso no importaba, que solo era para que la historia se acabe, una cuestión estructural. Luego, creyeron que estaba loco y me eliminaron del blog.

Renuncié a mi estrepitosa búsqueda. En aquel tiempo me puse a leer sobre filosofía medieval y me enteré de que los monjes de las abadías daban el visto bueno a una obra para que sea publicada y que, sin esto, era imposible que cualquier obra se publique. Tuve una intuición. Pensé que desde el primer momento me había equivocado, que estaba errada mi búsqueda y, de hecho, así fue, porque lo que debía de haber buscado desde el principio era alguna declaración del propio Don Miguel de Cervantes. Retomé mi vertiginosa investigación, ahora, en los libros antiguos de la biblioteca nacional. Transcribo aquí, parcialmente, las antiguas letras con las que me encontré:

Yo, Miguel de Cervantes de Saavedra, escribo aquí en esta nota la última batalla del último caballero andante: miró Don Quijote a su contendor y hallole el rostro oscuro debajo de la capucha. No dudéis de mi valor –dijo Don Quijote– viejo genio maligno que me venís ensiguiendo. Ya te he visto mil veces ¡oh amarga muerte!, pero para que nadie crea vuestro engaño, empero, para sacaros de él de todo punto, vengan nuestros caballos, que en menos tiempo que el que tardares en descubrir el rostro, si Dios, si mi señora y mi brazo me valen, veré yo vuestro rostro, y vos veréis que no pudisteis vencer al caballero de La Mancha.

Endiciendo esto arremetiéronse el caballero de la triste figura y el caballero de la muerte. Chocaron crines, molinos, lanzas, adargas y escudos. Quedose tendido y maltrecho el caballero de la muerte y nuestro Quijote comenzose a elevar por los aires hacia una aventura eterna.

Los monjes no dejaron que esta batalla sea publicada; sin embargo, hay que mirar los espejos.

 

martes, 5 de enero de 2021

Es de mañana...

 
Es de mañana en este momento.
El cielo está cubierto de plata.
Hacia el poniente, el cielo está más claro, pero luego va tomando un color más pesado hacia el centro.
Es de mañana.
Los cantos de las aves no cesan.
Te despiertas lentamente.
Poco a poco vas cayendo en cuenta de la realidad.
Miras una pared extraña.
La no acostumbrada pared con la que habías crecido y te hiciste grande.
Por eso tienes la sensación de que son extrañas.
Aunque no es la primera vez que te despiertas en esa habitación, son los primeros amaneceres.
Te das cuenta de que no hay ajetreo en la cocina.
Ni mamá está en el jardín.
Ni papá sentado frente a la tele tomando mate.
Porque en realidad nadie más está en la casa.
Eso te conforta.
El recuerdo de las cosas que pasaron hace poco, te invade.
Vas cayendo en cuenta poco a poco.
Todo parece la prolongación de algún sueño.
Para negar esa posibilidad te das vuelta y la visión de su pelo derramado sobre la almohada, su figura que emerge de las sábanas, que es completada con la imaginación, su espalda desnuda, el contorno de su cintura arqueada en la que caben infinitos suspiros...
No te dejan la menor duda de que todo es la prolongación de un sueño.
Tu mirada se posa en su ser.
Va caminando por su espalda.
Entre algunos lunares.
Entre esos minúsculos vellos negros que se abanican siguiendo su espina dorsal.
Ves sus frágiles hombros que te llaman.
Entonces, te acercas con miedo.
Pero el miedo desaparece por una revelación de la mente.
Te acercas más y sientes su cuerpo.
Posas tu brazo sobre su cuerpo y hueles su cuello.
Nada importa.
Piensas que, definitivamente, todo es una prolongación de algún sueño.
Entonces, te das cuenta de lo que eres y de que, probablemente, la única manera de tener un acercamiento a la felicidad es cuando la mente y el cuerpo sienten el mismo goce.
Es de mañana.
No sé en dónde estarás.
Pero sé que ya no tienes miedo.
Porque te diste cuenta, en este momento, de que también ella está desnuda.

jueves, 16 de julio de 2020

La vastedad de las cosas

Cuándo fue la última vez que sentiste la vastedad de las cosas.
Dime, tú, que andas y desandas el mismo camino de siempre,
Cuándo fue que viste pasar la estela rota de luciérnagas ciegas.
Acaso, por si acaso, tocaste el profundo rocío de la noche
con las yemas de tus dedos
y te sometiste al silencio espantoso del simulacro de la vida
para poder saber lo que no se sabe
o saber lo que ningún hombre sabe, posee, dice, siente, miente, habla.
Nada es más cierto de lo que ahora tocan mis manos.
Nada es más sabio que aquel horizonte en el que se refleja la palabra.
Antes de irte, y de que me dejes, nuevamente, bellalejana inspiración,
con lo que apenas puedo recordar con tu paso,
con lo que queda en el despueseterno,
tócame con tu muertemente
para ser parte de la vastedad de las cosas.

sábado, 11 de julio de 2020

Prosas poéticas


Sé que no estarás conmigo en mis mañanas y que no tendré un recuerdo amarillo de tazas de café, de muchos días repetitivos y únicos.
Sé que no me llamarás por las tardes, ni en días y, tal vez, en años.
Sé que te buscaré en mis paseos y también frente a mi escritorio.
Sé que te encontraré en mil historias literarias.
Sé, que de repente, tu perfume se filtrará por la ventana y llenarás mi memoria.

Sé que esperaré siempre a que me digas lo que nunca me dirás.
Sé que queremos hasta dónde podemos, que uno da todo lo que puede.
Sé que estamos condenados por la proyección del instinto.
Sé que tus palabras volverán en esas noches largas que me esperan.

Pero sé que no se acabó, sé que no se puede acabar y, es por eso que, a pesar de todo lo demás que sé, te guardaré un espacio de silencio que te espera.

I

Te he visto en muchos días sentada en tu lugar de siempre,
escribiendo cosas de siempre, garabateando nombres y recuerdos
en tu cuaderno de siempre.
Latente.
En un sueño que se sueña despierto.
Si cuando no estás igual te sigo.
Y cuando te vas
trato de recogerme en las huellas
que dejaron tus manos
y en las distancias que forjaron tus miradas
en las cosas y en las no cosas.
Y cuando duermes,
la vida se duerme y el tiempo se quiebra,
se retuerce, se alarga, se encoge, se agota y se desborda.
Me vacía y me llena la mente de tu ser.
Cuando duermes.
Te duermes pensando que todo es nada,
mientras que el abanico de la nada es todo,
no obstante, la tarde y los besos son todo
como el recuerdo y el olvido.
Yo solo espero, que vuelvas, sin esperar lo que se espera.
Como en el día cuando se hacen mil cosas
y de pronto, cae la noche para disfrutarla o esconderse en las palabras.
No hemos descubierto el enigma para poder describir las sensaciones con palabras.
Me falto o parto de mí, dijeron algunos poetas.
Me descubro, me pierdo, desaparezco,
y tus ojos, tu voz, tus silencios,
y esa forma tan tuya de vivir y de sentir.
No existo.
Las imágenes me atropellan entremezcladas con tu aroma.
Desisto de mí mismo.
Me llevo al abismo de la mente

y sigues estando sentada en tu lugar de siempre,
escribiendo cosas de siempre,

garabateando nombres de nombres y recuerdos de
recuerdos en tu cuaderno de siempre.


II

En mis días que son noches,
en mis noches que son largas,
la voz se me apaga
bajo el sonido del latido seco y aturdido en mi pecho.

En mis noches que son tuyas,
en la diáfana madrugada,
se dibujan varios dones,
de los tantos que me faltan
para desabrochar mi garganta y salirme a buscar tu nombre.

En mis noches que no sueño
que el sueño no es sueño,
se rebaja mi memoria hasta el sótano infinito
donde nacen las palabras,
donde muere el olvido.

III

No sé qué habrá en las horas que no conozco, que no te conozco, amiga.
Esas horas en las que me paso pensándote y se me pasan las horas como golondrinas perdidas.
No sé qué andarás haciendo bajo este cielo mudo o qué ojos estarán mirando tus ojos.
Me aferro a los momentos que puedo robarte sin que sepas que tus labios son el camino que busco para no decir más palabras fútiles.
Me distancio del mundo cuando no puedo verte, me alejo hacia los callejones inéditos de mi cabeza.
Me protejo de cualquier guarida y me salgo a la lluvia.
Pisoteo todas las oportunidades que tengo para besarte para que no te alejes, para que sigas sin saber, para que corras a mi lado cuando la soledad te persigue, para que me mires siempre a los ojos, para tocarte con el silencio, en la víspera del futuro, para tenerte sin que tengamos que cruzar el límite de lo irreal, para quedarnos en la nada, sin comienzo ni final, engañándole al olvido y jugando con lo incierto.
No quiero saber lo de esas horas porque sos libre y soy libre, aunque yo solo conozca el camino que me devuelve a tus abrazos, aunque tú conozcas otras cosas, aunque desees otras cosas, yo pretendo que cuando vuelvas no se me turbe el sueño ni tampoco la esperanza y me encuentres sonriendo; que de nuevo salgamos a caminar por la noche y no importa que nada me digas, que nada preguntes, que todo comienza y emerge cuando puedo verte
sonreír.


 IV

Cuando se vaya desdibujando tu imagen en memoria.
Cuando tu ausencia niegue que alguna vez hayas existido.
Cuando, por las tardes, ya no pueda ver tus ojos curiosos y tristes.
Cuando el deseo de tocarte pase a ser una cotidiana costumbre.
Cuando el recuerdo del recuerdo te haga eterna.
Cuando mis palabras ya no quieran alcanzarte.
Cuando sienta que tu nombre ya no llena mi alma.

Cuando pueda jugar al olvido.
Cuando pueda soñar otras cosas.
Cuando el vacío llene el vacío.
Cuando mi voz se apague en tu risa.
Entonces, ya no tendré que buscarte porque me habré ido.

V

Y si en una tarde vuelves,
aunque traigas años y olvidos y memorias.
Aunque traigas en tu risa un poco de cautela (yo te veré igual que siempre).
Aunque tu voz tiemble y tu abrazo reclame algún esfuerzo.
Aunque trates de explicarme ciertas cosas con palabras.
Aunque yo suponga que lo he entendido todo.
Aunque vea tus ojos cansados, pero siempre tristes.
Aunque ya se hayan extinguido algunos deseos, te tomaré de la cintura, en esa tarde de silencios que dicen demasiado, y saldremos a caminar.


 VI

Qué hago con estas palabras que se dibujan ante mí.
Qué hago sino otra cosa que evocar tu nombre.
Qué hago con esta noche y con esta luna.
Qué hago con la memoria.
Qué hago con la vida que me sigue.

Qué hago con el tiempo que se me escapa.
Qué hago con este papel que delira.
Qué hago con tanto espacio vacío.
Qué hago con la melodía del viento.
Qué hago con el sonido de la gota que cae infinitamente en la cocina.
Qué hago con la calle que borra mis pasos.
Qué hago con la ciudad y sus gritos.
Qué hago con los gerundios.
Qué hago con la turba que camina hacia el abismo.
Qué hago con tu mirada perversa.
Qué hago con las cosas que no existen.
Qué hago con las últimas palabras que me dijiste y que se dibujan ante mí.


VII

Cuando ya no pueda mirar
dirán que he muerto.
Cuando una sábana blanca
me cubra el rostro y el cuerpo,
creerán que estoy muerto.

Cuando me laven el cuerpo,
me peinen y me maquillen,
creeré que estoy muerto.
No será angustia ese momento,
será entendimiento.
La conciencia no se limitará a los sentidos.

Podré verlos, pero ¡ay!,
no podrán entenderme.
Y una luz tocará mi frente
y me besará la mejilla fría.

Caerá un hilo de vida,
tibio como un amanecer, de tus ojos,
y no podrás verme.

Tu mano me dará alivio
y volverá aquella tarde

en la que en tu mano puse mi alma,
y sabré, entonces, que he muerto.


 VII

De las veces en que te encontré cerca, en el camino de la vida, no me acuerdo.
no me acuerdo de las veces en que te he buscado.
No me acuerdo ya de tus ojos, del pasado, de los cuentos, de los poemas que alguna vez miramos.
Ni siquiera me acuerdo de que te he conocido.
Ni siquiera sé si te he conocido,
pero sí recuerdo el río, el parque, las casas y el viaje; que son las mismas cosas que has de recordar.
Porque son en estas cosas en las que estaré.
Porque son en estas cosas en las que estarás.
Porque ni vos ni yo sabemos quiénes somos, quiénes fuimos, ni quiénes seremos.
Solo sabemos que, alguna vez, en algún momento, al vivir y sentir este mundo, no estuvimos solos.

 IX

Es solo esta noche la que no encaja.
Es solo esta noche la que hiere y es el alma la que escribe.
No te detengas en mi prosa, vuela, blanca flor, hacia la luna.
Yo me quedaré entre la gente a admirar tu vuelo.
En esta noche eterna vendrá la nada a hacerme compañía, no sé si con ella volverá la vida.
No te culpes que nada me debes.
Soy yo el que ha soñado.
No me despiertes o despiértame en tus brazos.
Es solo esta noche la que muere, pero no te detengas en mi prosa, flor nocturna, todo lo demás seguirá existiendo.
¿Quién de los dos sabrá si volveremos a ver otro otoño?

Pero el otoño no sabe, nunca lo supo ni lo sabrá, que lo estuvimos mirando.
El otoño se parece al amor, ¿o acaso el amor es el otoño?
No sabemos nada sobre el amor, pero sí sabemos cuándo no está.
Sin embargo, no hay amor sin deseo, entonces, ¿existe el amor?
Pero no te detengas en mi prosa, flor del alba, porque no te amé por haberte visto, sino por haberte conocido.
Es solo esta noche la que queda.
Es solo en esta noche en la que no te espero.
Flor de loto.

XI 


Si por lo menos hubiera sido tu ausencia,
no seguiría a esa solitaria golondrina
tratando de hacer primavera.

Ni escribiría lo que escribo,
ni saldría a esperar el tren de media noche
que se lleva los retazos de mi mente cansada.

Si por lo menos existiera tu ausencia,
aunque sea en estratos minúsculos de la materia
y en mis inesperados reflejos de la inconsciencia.

Si por lo menos viviera en tu ausencia,
me tomaría una taza de café todas las tardes
para no verte en mis sueños,
para no recordar tu perfume y tu cuello,
para tratar de salvar a aquel beso que murió en tu mejilla triste.

Si por lo menos no me visitara tu ausencia,
mis mañanas tendrían otros ojos,
mis amaneceres no serían de inviernos
y mis días con sus noches no se perderían en cuentos y poesías.

Si por lo menos pudiera con tu ausencia,
caminaría bajo la lluvia sin buscar un refugio,
te llamaría bajo la luna sin sentirme perdido,
te llenaría de estrellas sin que sepas
que mi cielo de las noches se cae y se funde en tu espacio.

Por lo menos si hubiera sido tu ausencia total,
concreta, abismal, existente,
y no esa ausencia que está en todas las cosas,
que gravita sobre las superficies,
que se extiende hasta el horizonte,
que no se extingue ni siquiera en el futuro.

Todas estas cosas sucederían,
si tan solo tu ausencia hubiera sido real.

A Ricardo

Te dejé allí y no lo supiste, pero te has de acordar de aquella vez en que con una fogata y una guitarra le cantamos a la noche, compañera f...