miércoles, 6 de enero de 2021

El sueño de Cervantes


La finalidad de este texto no es decir todo lo que ya se dijo, sino, más bien, enfocarlo hacia algo que me dejó con una tremenda curiosidad, se trata de lo que ocurrió al final. Cuando el Caballero de la triste figura regresa a su hogar después de haber sido vencido por el Caballero de la blanca luna, cae en un estado depresivo crónico, por llamarlo de alguna manera, aunque este estado en la que se encontraba nació desde el momento en que fue vencido. Lo curioso es que después de haberse dormido por seis horas, y luego despertarse, estaba totalmente cuerdo.

¿Qué fue lo que soñó nuestro querido Quijote? Esto se convirtió para mí en una terrible obsesión. Me embarqué en las profundidades de la biblioteca de mi ciudad y comencé a leer todos los finales de La Mancha de diferentes editoriales, en revistas, análisis, o meros comentarios en las bibliotecas virtuales en las que me encontré con unas observaciones muy interesantes de cibernautas de todo el mundo. Sin embargo, fracasé. A lo mucho que llegué fue a que alguien me responda, en un blog, que eso no importaba, que solo era para que la historia se acabe, una cuestión estructural. Luego, creyeron que estaba loco y me eliminaron del blog.

Renuncié a mi estrepitosa búsqueda. En aquel tiempo me puse a leer sobre filosofía medieval y me enteré de que los monjes de las abadías daban el visto bueno a una obra para que sea publicada y que, sin esto, era imposible que cualquier obra se publique. Tuve una intuición. Pensé que desde el primer momento me había equivocado, que estaba errada mi búsqueda y, de hecho, así fue, porque lo que debía de haber buscado desde el principio era alguna declaración del propio Don Miguel de Cervantes. Retomé mi vertiginosa investigación, ahora, en los libros antiguos de la biblioteca nacional. Transcribo aquí, parcialmente, las antiguas letras con las que me encontré:

Yo, Miguel de Cervantes de Saavedra, escribo aquí en esta nota la última batalla del último caballero andante: miró Don Quijote a su contendor y hallole el rostro oscuro debajo de la capucha. No dudéis de mi valor –dijo Don Quijote– viejo genio maligno que me venís ensiguiendo. Ya te he visto mil veces ¡oh amarga muerte!, pero para que nadie crea vuestro engaño, empero, para sacaros de él de todo punto, vengan nuestros caballos, que en menos tiempo que el que tardares en descubrir el rostro, si Dios, si mi señora y mi brazo me valen, veré yo vuestro rostro, y vos veréis que no pudisteis vencer al caballero de La Mancha.

Endiciendo esto arremetiéronse el caballero de la triste figura y el caballero de la muerte. Chocaron crines, molinos, lanzas, adargas y escudos. Quedose tendido y maltrecho el caballero de la muerte y nuestro Quijote comenzose a elevar por los aires hacia una aventura eterna.

Los monjes no dejaron que esta batalla sea publicada; sin embargo, hay que mirar los espejos.

 

martes, 5 de enero de 2021

Es de mañana...

 
Es de mañana en este momento.
El cielo está cubierto de plata.
Hacia el poniente, el cielo está más claro, pero luego va tomando un color más pesado hacia el centro.
Es de mañana.
Los cantos de las aves no cesan.
Te despiertas lentamente.
Poco a poco vas cayendo en cuenta de la realidad.
Miras una pared extraña.
La no acostumbrada pared con la que habías crecido y te hiciste grande.
Por eso tienes la sensación de que son extrañas.
Aunque no es la primera vez que te despiertas en esa habitación, son los primeros amaneceres.
Te das cuenta de que no hay ajetreo en la cocina.
Ni mamá está en el jardín.
Ni papá sentado frente a la tele tomando mate.
Porque en realidad nadie más está en la casa.
Eso te conforta.
El recuerdo de las cosas que pasaron hace poco, te invade.
Vas cayendo en cuenta poco a poco.
Todo parece la prolongación de algún sueño.
Para negar esa posibilidad te das vuelta y la visión de su pelo derramado sobre la almohada, su figura que emerge de las sábanas, que es completada con la imaginación, su espalda desnuda, el contorno de su cintura arqueada en la que caben infinitos suspiros...
No te dejan la menor duda de que todo es la prolongación de un sueño.
Tu mirada se posa en su ser.
Va caminando por su espalda.
Entre algunos lunares.
Entre esos minúsculos vellos negros que se abanican siguiendo su espina dorsal.
Ves sus frágiles hombros que te llaman.
Entonces, te acercas con miedo.
Pero el miedo desaparece por una revelación de la mente.
Te acercas más y sientes su cuerpo.
Posas tu brazo sobre su cuerpo y hueles su cuello.
Nada importa.
Piensas que, definitivamente, todo es una prolongación de algún sueño.
Entonces, te das cuenta de lo que eres y de que, probablemente, la única manera de tener un acercamiento a la felicidad es cuando la mente y el cuerpo sienten el mismo goce.
Es de mañana.
No sé en dónde estarás.
Pero sé que ya no tienes miedo.
Porque te diste cuenta, en este momento, de que también ella está desnuda.

A Ricardo

Te dejé allí y no lo supiste, pero te has de acordar de aquella vez en que con una fogata y una guitarra le cantamos a la noche, compañera f...