En la inmensidad de la tarde
que se acerca lenta y audaz,
que cubre las hojas de los árboles
con su fresca brisa.
Que trae consigo una noche,
que suspende la agonía del olvido:
aún sobran espacios dentro de los espacios
que llenan tu ausencia.
Entonces, aspiro con profundidad
el aroma del café
y me preparo unos cigarrillos del ayer
para verte en esas tardes
que no las sentí
porque estabas sentada a mi lado.
Llenando de silencio y de tu perfume
la intolerable vaguedad de mi alma.
Esas tardes fueron mías, pienso,
y tu rostro asume el lugar del sol
en el horizonte
y mis ideas
las de un río.
Aquel que mirábamos deteniendo
la inefable carrera del tiempo.
Estoy de nuevo a tu lado
para que después tú sigas viviendo,
para que sepas que puedes buscarme
cuando se te pierda la luna.
De esta manera, todo lo llenas,
como dice ese poema, todo lo llenas.
Y todo vuelve así como sé
que en algún momento volverás.
Me elegirás de nuevo y sabré comprenderte
Te escucharé atento y aceptaré tu silencio.
Tal vez, cuando nos despidamos,
ya cuando la noche arrope a la ciudad,
volveré a abrazarte y a darte un beso.
Tú te quedarás
con esa rara sensación de insuficiencia.
Yo me iré lleno de dudas
y con pocas certezas,
pero con un nuevo recuerdo
para guardarlo debajo de la manga,
como un as,
para que la soledad no me gane la partida.