martes, 5 de enero de 2021

Es de mañana...

 
Es de mañana en este momento.
El cielo está cubierto de plata.
Hacia el poniente, el cielo está más claro, pero luego va tomando un color más pesado hacia el centro.
Es de mañana.
Los cantos de las aves no cesan.
Te despiertas lentamente.
Poco a poco vas cayendo en cuenta de la realidad.
Miras una pared extraña.
La no acostumbrada pared con la que habías crecido y te hiciste grande.
Por eso tienes la sensación de que son extrañas.
Aunque no es la primera vez que te despiertas en esa habitación, son los primeros amaneceres.
Te das cuenta de que no hay ajetreo en la cocina.
Ni mamá está en el jardín.
Ni papá sentado frente a la tele tomando mate.
Porque en realidad nadie más está en la casa.
Eso te conforta.
El recuerdo de las cosas que pasaron hace poco, te invade.
Vas cayendo en cuenta poco a poco.
Todo parece la prolongación de algún sueño.
Para negar esa posibilidad te das vuelta y la visión de su pelo derramado sobre la almohada, su figura que emerge de las sábanas, que es completada con la imaginación, su espalda desnuda, el contorno de su cintura arqueada en la que caben infinitos suspiros...
No te dejan la menor duda de que todo es la prolongación de un sueño.
Tu mirada se posa en su ser.
Va caminando por su espalda.
Entre algunos lunares.
Entre esos minúsculos vellos negros que se abanican siguiendo su espina dorsal.
Ves sus frágiles hombros que te llaman.
Entonces, te acercas con miedo.
Pero el miedo desaparece por una revelación de la mente.
Te acercas más y sientes su cuerpo.
Posas tu brazo sobre su cuerpo y hueles su cuello.
Nada importa.
Piensas que, definitivamente, todo es una prolongación de algún sueño.
Entonces, te das cuenta de lo que eres y de que, probablemente, la única manera de tener un acercamiento a la felicidad es cuando la mente y el cuerpo sienten el mismo goce.
Es de mañana.
No sé en dónde estarás.
Pero sé que ya no tienes miedo.
Porque te diste cuenta, en este momento, de que también ella está desnuda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

A Ricardo

Te dejé allí y no lo supiste, pero te has de acordar de aquella vez en que con una fogata y una guitarra le cantamos a la noche, compañera f...