domingo, 8 de junio de 2014

Cuando descansemos en los brazos de la tierra

Nunca seremos iguales ni siquiera...

Cuando descansemos en los brazos de la tierra
yo seré abono, con suerte, podré teñir la noche
con mi figura solitaria de ramas secas
en las tinieblas del cementerio

Tú; vivirías en las flores de tu eterno aposento
que con cada llegada de algún caballero triste
las lágrimas surcarían infinitos senderos
y todas las noches renacerías en los sueños

Tus tardes de parque y de mirar el vacío
se llenaron de plazas y de niños
y en mi poniente se puso la luna
a llenar de besos al río

Mientras yo no volaba más que a tus ojos
mientras yo gritaba que nunca estaré solo
perdido en cuentos y versos lejanos
que me acercaban a tu olvido

Se te llenaron las manos de anillos
yo miraba en ascua desde la sombra
de ventanas al futuro, queriendo creerme
que soy fuerte quemando mil cigarrillos

Todavía me despiertan el amanecer
y el café preguntándome cuándo vuelves
sin que sepan que soy yo el que no está
que salí a esperarte en el bar del anochecer

Donde está ese otro mundo desconocido
del que te hablaba sin decírtelo
mientras adoraba tu cabello suelto
que cubría la almohada de tus sueños.







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