Nunca seremos
iguales ni siquiera...
Cuando descansemos
en los brazos de la tierra
yo seré abono, con suerte, podré teñir la noche
con mi figura
solitaria de ramas secas
en las tinieblas
del cementerio
Tú; vivirías en
las flores de tu eterno aposento
que con cada
llegada de algún caballero triste
las lágrimas
surcarían infinitos senderos
y todas las noches
renacerías en los sueños
Tus tardes de
parque y de mirar el vacío
se llenaron de
plazas y de niños
y en mi poniente
se puso la luna
a llenar de besos
al río
Mientras yo no
volaba más que a tus ojos
mientras yo
gritaba que nunca estaré solo
perdido en cuentos
y versos lejanos
que me acercaban a
tu olvido
Se te llenaron las
manos de anillos
yo miraba en ascua
desde la sombra
de ventanas al
futuro, queriendo creerme
que soy fuerte
quemando mil cigarrillos
Todavía me
despiertan el amanecer
y el café
preguntándome cuándo vuelves
sin que sepan que
soy yo el que no está
que salí a
esperarte en el bar del anochecer
Donde está ese
otro mundo desconocido
del que te hablaba
sin decírtelo
mientras adoraba
tu cabello suelto
que cubría la
almohada de tus sueños.
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