No
soy lo que ves, apenas soy lo que queda de mí y lo que no seré en
el futuro, también soy lo que aprehendí entre teorías, sueños,
ideas, hábitos o costumbres y soledad. Entonces, no sabes quién soy
porque ni yo lo sé ¿Y quién eres tú? Lo que yo creo que eres o lo
que tú quieres que yo crea que eres, o lo que tú crees que yo creo
que eres, entonces ¿Quiénes somos? Yo solo sé que te vi, yo no
estaba ahí, estaba el que era antes, sí, él fue quien te vio y desde ese momento supo que no podía quedarse, pero tampoco se fue de
golpe, pasábamos noches enteras conversando en casa, a veces
salíamos a caminar por la ciudad, a veces debajo de ella o por las
azoteas.
Nos
olvidamos de la fiesta de despedidas, no se quien tuvo la mayor
culpa, o él o yo, un día dejó de venir y no pregunté, solo revisé
su viejo armario y encontré el dibujo de tu beso y la caricia de tu
mano. Yo quería ser, pero tú querías que sea lo que no quería
ser, y tú quisiste ser lo que tú querías ser, igual fui, hasta que
ya no pude ser, por una parte me hubiese gustado seguir siendo pero a
la mayor parte de mí no le gustaba lo que era, y entre callar o
hablar, caminar o correr, estar o no estar; preferí una alcoba en el
limbo entre sueños, recuerdos, olvidos y algunas que otras cosas más.
Ahora
ya no sabemos lo que somos, él también suele venir a conversar por
las noches, pero este es distinto, claro, siempre pregunta quien soy,
hasta el amanecer, y no me deja responder, pero ya he pensado en una
respuesta, le diré que tengo una leve sospecha de que solamente las
generaciones que no vamos a conocerlas sabrán quienes somos, aunque
solamente sea lo que hayan escrito de nosotros, entonces, no importa
lo que soy ni lo que seré porque solo quedará lo que soy cuando me
aburra en el descanso eterno.
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