domingo, 8 de junio de 2014

Una lejana guitarra

Las notas de una lejana guitarra comenzaron a sonar bajo la noche serena
bajo una brizna de quietud que inundó mi ventana sin que pueda sospechar
que las notas salían de los bolsillos de la luna y recorría la tierra en horas desiertas
para las almas abiertas que no querían descansar.

Fue su triste mirar que despuntaban las cuerdas y llenaba el vacío con meras lágrimas
que rebotaban en el aire para hacerse música, que sólo algunos la podían escuchar.

Es la guitarra en el preludio de transición entre lo real e imaginario, la materia y el espíritu, la carne y la sangre, la verdad y la mentira, el olvido y el recuerdo; que se escucha en horas postreras de lo vivo, cuando ya el respiro vuelve y se hace tierra, se hace polvo y vacío.

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